Valencia, la ciudad de las puertas solitarias

Aunque no tengas la llave, no necesitarás cerrajeros para traspasar estas puertas

Valencia es una ciudad de historias escondidas. Un transeúnte descuidado puede pasar frente a auténticas joyas que alberga la ciudad, y no darse por enterado. Pero hurgando en la historia y con un poco de atención al detalle podemos toparnos con algunas maravillas cargadas de historia.

Por ejemplo, sus puertas que dan al vacío. Alguien se ha referido a ellas como a “ninots indultats” que han resistido el paso del tiempo.

Hacemos mención, por ejemplo, a la puerta de Serranos. Impasible ante el correr de la historia permanece entre las dos torres poligonales que aún se mantienen en pie y que formaban parte de la muralla medieval de Valencia. La estructura que las circunda la hace más visible y por eso es, de las puertas olvidadas, una de las más conocidas.

Este privilegio lo comparte con la Puerta de Quart, situada en la intersección entre las calles de Guillén de Castro y Quart, a poco más de 1 km de distancia.

Pero si seguimos yendo hacia Zaidía, al inicio de la calle Visitación, podemos toparnos con el Arco de la Torreta o Portal de Zaidía. Algunos lo confunden con un vestigio de la muralla, pero en realidad era el portal de entrada a una masía que estaba muy cerca de un molino harinero, en el barrio de Los Tendetes. En los años 60 la edificación fue derruida, pero se decidió trasladar el arco hasta su ubicación actual. Como testimonio de su pasado, quedan a sus pies restos de la rueda de molino, y a la izquierda del arco, un socarrat blanco con letras azules que reza: “Soc l’arc del Molí de la Torreta: Tendetes”, para que no quepa ninguna duda de su origen

Siguiendo el curso del río, en los Jardines de Viveros, podemos encontrar otras puertas sin edificios, con un pasado de mucho más linaje que el de Tendetes.

Justo al lado del Museo de Bellas Artes se encuentra la antigua entrada del convento de San Julián. Este fue un monasterio de religiosas agustinas, derribado en 1944 por encontrarse en ruinas. En ese solar se construyó un bloque de viviendas, pero el portal se conservó, trasladándolo a los Jardines del Real, en 1952.

A escasos pasos se conserva otra fachada monumental, la del Palacio de los Duques de Mandas, conocido como la «Casa dels Gegants» a causa de las figuras que flanquean su escudo nobiliario. Esta edificación fue derribada en 1864.

Al final de los Jardines nos toparemos con la antigua entrada del Palacio de los Condes de l’Alcùdia i Gestalgar, que originalmente estuvo situado frente al Convento de Santo Domingo, en la plaza Tetuán.

Pero si de reubicaciones hablamos, ninguna de estas portadas se ha desplazado más que la del Palacio del Marqués de Jura Real. Esta edificación se erigía frente a la actual plaza del Ayuntamiento. Tras la demolición del palacio, en 1929, fue trasladada a la Feria Muestrario, cuando esta se encontraba en la zona del Real. Posteriormente, fue llevada hasta su ubicación actual en los Jardines del Real.

Curiosa es también la historia de la Puerta del Mar, pues esta estructura nunca formó parte de edificación alguna. En realidad, se construyó en 1946 como monumento a los “caídos por Dios y la patria” durante la Guerra Civil, siguiendo un diseño de Javier Goerlich Lleó. Allí, en la ribera derecha del Turia, permanece con sus reminiscencias bélicas y su pomposa solemnidad, haciendo antesala a la Glorieta.

El paseo podría terminar en la Plaza de Joan de Vila-Rasa, donde se encontraba el palacio de Parcent, mismo en el que se hospedó José Bonaparte, en 1812. Sólo se conserva su entrada, que ahora da paso a los llamados Jardines de Parcent, según indica un bloque de ladrillos, colocado a modo de dintel en fechas recientes.