Los padres en las competiciones deportivas de sus hijos

Cuando los padres deciden inscribir a sus hijos en actividades extraescolares y los instan a la práctica de cualquier deporte, no hay duda de que están haciendo bien y de que están mirando por la salud mental y física de los pequeños. Serán positivos el ejercicio físico y el esparcimiento junto a otros compañeros de la misma edad, la educación amena dentro de unas reglas y disciplinas, la diversión dentro de unos valores cívicos, el juego deportivo por simple distracción sana y natural.

Pero, ojo, porque muchos padres equivocan el contexto y se convierten en los primeros monstruos que destruyen todas las virtudes antes citadas que el deporte puede aportar a los niños. Porque hay padres que inscriben a sus hijos en actividades deportivas e inmediatamente pasan a exigirle un espíritu competitivo para el que los pequeños no están preparados, lo que les genera ansiedad y acaba resultando contraproducente; un ejemplo de esto lo encontramos en esos progenitores que inscriben a su hijo o hija en clases de tenis y, acto seguido, quieren que no sea otra cosa que un Rafael Nadal o una Serena Williams.

Si cada fin de semana nos damos una vuelta por los campos de fútbol de las categorías pre-benjamín, benjamín, alevín, infantil o cadete, podremos ver a padres dando instrucciones a sus hijos y exigiéndoles la perfección; así, los niños, en lugar de disfrutar de la pelota, terminan acudiendo a una especie de obligación en la cual están encorsetados y en la que saben que no deben fallar para no llevarse la bronca de papá.

Queridos padres, por favor, dejemos de forzar a los niños y permitámosles que se diviertan. Y punto. Y si tienen que ser como Andrés Iniesta, Garbiñe Muguruza, Alberto Contador, Carolina Marín, Saúl Craviotto o Alba Torrent, pues ya el tiempo lo dirá. Los niños y las niñas tienen que ver en el deporte a su mejor aliado. Ah, padres, también por favor, dejad de insultar a los árbitros y de predicar con el mal ejemplo y dejad de dar instrucciones de forma paralela a entrenadores y monitores, porque lo único que hacéis es desacreditar a quien sabe y quedar vosotros en ridículo.