Liga Iberdrola de Gimnasia Artística Femenina

El patrocinio es una de las mayores fuentes de ingresos de las asociaciones deportivas de nuestro país. Las empresas se benefician de la exposición de sus marcas y se ganan la empatía de los aficionados. Para los clubes, por otra parte, supone a veces su única posibilidad de percibir algún ingreso, que redunda en el bienestar de los atletas.

Sea a través de compensaciones directas, mantenimiento de los espacios o financiamiento de los eventos deportivos, cualquiera de las modalidades supone una bocanada de aire fresco para la práctica de las distintas disciplinas.

Iberdrola, una de las principales compañías de generación y suministro eléctrico y de gas de España ha entendido a cabalidad esta oportunidad, y no la ha dejado pasar.

Es así como desde hace mucho tiempo ha suscrito un acuerdo con el Consejo Superior de Deportes, que constituye el principio rector de su programa de patrocinio.

De manera particular se ha enfocado en la promoción y formación de atletas femeninas. Como principal promotor del programa Universo Mujer, contribuye anualmente con una donación de 4,5 millones de euros, que se reparten entre 15 federaciones deportivas. Cuatro mil clubes fuero beneficiados el año pasado con el programa, que alcanzó a más de 17 mil 500 deportistas. Para el 2018 la meta es aún más ambiciosa, pues se espera abarcar un total de 20 mil atletas.

Y aunque el fútbol femenino se lleva el protagonismo, motivado por su mayor popularidad, la gimnasia también ha resultado favorecida. Un total de 300 atletas, pertenecientes a 68 clubes de 14 federaciones autonómicas participaron en la primera edición de la Liga Iberdrola de Gimnasia Artística.

El circuito consta de tres fases, que se han venido desarrollando desde el pasado mes de febrero. Para la primera fase el territorio español se dividió en seis zonas, que fueron luego reagrupadas en dos para el segundo encuentro. De allí salieron los equipos que el próximo mes de octubre disputarán la final.

Cumpliendo con los reglamentos internacionales, la competición abarca cuatro estaciones. La primera corresponde a las barras, en las cuales las atletas disponen de 30 segundos para desplegar toda suerte de piruetas y vuelos, antes de dar el salto final que marca el fin de la rutina.

Asimismo, el salto de potro valora la rapidez de la carrera inicial, que dará el impulso necesario para el prevuelo. Se evalúan la altura y la distancia logradas, así como la cantidad de mortales y giros que la atleta realiza.

Pero es la barra de equilibrio la que impregna el ambiente de un aire de suspenso. Durante el minuto y medio máximo de rutina, la gimnasta debe combinar los movimientos acrobáticos y de danza. Tiene que incluir dos elementos de vuelo y un giro de 360° sobre una pierna, además de un salto amplio y una serie acrobática. Todo esto sin perder el equilibro, sobre un riel de apenas 10 centímetros de ancho.

Y así como esa es la prueba emocionante, la más artística corresponde a la rutina de piso. Sobre un área de 12 x 12 m, las atletas combinan rítmicamente gimnasia y coreografía. Aunque no exenta de acrobacias, pues tiene que incluir al menos un salto mortal, es en este ejercicio cuando mayor gracia e histrionismo exhiben las gimnastas.