DEPORTE EN VERANO

Seguro que alguna vez has ido de vacaciones con tu grupo de amigos, pongamos a Gandía, y no todo es fiesta, porque ya que has ido a un sitio de costa, habrá que disfrutar también de algo de playa, aunque sea de resaca y con los ojos medio cerrados porque has dormido 4 horitas la noche anterior.

En algún momento alguien tiene la brillante idea de ir a la playa a pasar unas horitas para coger un moreno que por la noche sería imposible, y una vez asentados allí y con la consiguiente pelotita comprada en la tienda de cubitos y colchonetas de dicho destino, los precavidos la traen desde casa, una mente pensante dice: ‘chavales, ¿echamos un tres para tres en esas miniporterías?’. Error, error por varios motivos; el primero, no tienes ni cuerpo ni fuerza de voluntad para ponerte a darle pataditas a un balón bajo un sol aplastante y 37 ricos graditos a las 6 de la tarde en la costa levantina; y segundo, a ti lo que te apetece es echarte una siesta de 4 horas debajo de una sombrilla, pero no vas a pagar 5 euros para alquilarla, así que decides hacer algo de deporte para echar sudando lo que te bebiste anoche.

¿Es que nadie había pensado que jugar sobre arena, ardiente cual magma volcánico, cansa 10 veces más que hacerlo sobre asfalto? Pues allí estáis todos jugando al fútbol playa luchando por no caeros y perder la vista en una de esas en las que tienes más arena en los ojos, pegada ahí por el perverso sudor, que en el bañador.

Y es entonces cuando el mismo que propuso lo del fútbol playa salta ahora con un: ‘vamos a echar un vóley que cansa menos’. Efectivamente puede que te muevas algo menos, pero es inversamente proporcional a las posibilidades de acabar rebozado de arena al intentar salvar una bola porque te has venido arriba, o a perder el 100% de visión, si no lo has hecho ya antes, al intentar rematar una pelota recubierta de arena y que toda ésta vaya directa a tus globos oculares.

Moraleja: te hubiera salido más rentable haber alquilado la sombrilla, pero, ¿y las risas que te has echado?