DEPORTE EN VERANO

Seguro que alguna vez has ido de vacaciones con tu grupo de amigos, pongamos a Gandía, y no todo es fiesta, porque ya que has ido a un sitio de costa, habrá que disfrutar también de algo de playa, aunque sea de resaca y con los ojos medio cerrados porque has dormido 4 horitas la noche anterior.

En algún momento alguien tiene la brillante idea de ir a la playa a pasar unas horitas para coger un moreno que por la noche sería imposible, y una vez asentados allí y con la consiguiente pelotita comprada en la tienda de cubitos y colchonetas de dicho destino, los precavidos la traen desde casa, una mente pensante dice: ‘chavales, ¿echamos un tres para tres en esas miniporterías?’. Error, error por varios motivos; el primero, no tienes ni cuerpo ni fuerza de voluntad para ponerte a darle pataditas a un balón bajo un sol aplastante y 37 ricos graditos a las 6 de la tarde en la costa levantina; y segundo, a ti lo que te apetece es echarte una siesta de 4 horas debajo de una sombrilla, pero no vas a pagar 5 euros para alquilarla, así que decides hacer algo de deporte para echar sudando lo que te bebiste anoche.

¿Es que nadie había pensado que jugar sobre arena, ardiente cual magma volcánico, cansa 10 veces más que hacerlo sobre asfalto? Pues allí estáis todos jugando al fútbol playa luchando por no caeros y perder la vista en una de esas en las que tienes más arena en los ojos, pegada ahí por el perverso sudor, que en el bañador.

Y es entonces cuando el mismo que propuso lo del fútbol playa salta ahora con un: ‘vamos a echar un vóley que cansa menos’. Efectivamente puede que te muevas algo menos, pero es inversamente proporcional a las posibilidades de acabar rebozado de arena al intentar salvar una bola porque te has venido arriba, o a perder el 100% de visión, si no lo has hecho ya antes, al intentar rematar una pelota recubierta de arena y que toda ésta vaya directa a tus globos oculares.

Moraleja: te hubiera salido más rentable haber alquilado la sombrilla, pero, ¿y las risas que te has echado?

QUIDDITCH EN ESTADO PURO

Hace algo menos de 4 años tuve la gran suerte de hacer un Erasmus en Finlandia, y el primer día de clase, en la reunión de apertura del curso universitario conocí a un chaval que, en un principio pensaba que me estaba tomando el pelo, tras un buen rato hablando con él me confesó que era el capitán el equipo de Quidditch de la Universidad de Vaasa, allí en Finlandia.

Sí, sí, de Quidditch, el famoso juego de la película de Harry Potter. Al ver mi cara de asombro, comenzó a enseñarme vídeos de los diferentes torneos que organizaban en la región, y efectivamente, exceptuando la imposibilidad de que todavía no podemos volar sobre escobas, el juego era idéntico al de la película.

Me quedé boquiabierto y no podía creer lo que estaba viendo: un grupo de estudiantes que conformaban dos equipos, cada uno perteneciente a su respectiva universidad, los de cerrajeros Cartagena contra sus archienemigos de cerrajeros 24h Murcia, corriendo sobre escobas de madera a la caza de un jugador ataviado con un pañuelo amarillo a modo de snicht dorado que no debía ser atrapado por el buscador del equipo contrario.

Las reglas son las mismas que las del famoso film de Daniel Radcliffe, dos equipos con sus consiguientes equipaciones con los colores de la universidad luchando por meter una pelotita entre unos aros al final de cada campo a modo baloncesto en un ambiente más friky que deportivo pero con una seriedad propia de cualquier deporte olímpico.

Lo realmente gracioso es que como en cualquier otro deporte, también entrenaban, y siendo Finlandia imaginaos en los meses de invierno lo divertido que puede ser practicar dicho juego sobre una alfombra de nieve. Pues bien, investigando algo más sobre el Quidditch descubrí que existen multitud de equipos en Estados Unidos y no es extraño que se celebren grandes torneos repletos de público con merchandising de las universidades allí representadas.

Tras asimilar todo lo que el capitán del equipo me comentó y después de tragarme vídeos y vídeos de estos torneos llegué a la conclusión de que no hay mejor manera de unir aficiones que hacerlo a través del deporte, y ésta, el Quidditch, puede que sea una de las más interesantes.